La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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29 oct. 2011

Filosófico es el preguntar, poético el hallazgo

Recuerdo de un poema (1940), de Joan Miró
   «No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser. La poesía es encuentro, don, hallazgo por gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método».


(ZAMBRANO, María. Filosofía y poesía. 4ª ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 96.)


   El libro Filosofía y poesía es una reflexión sobre la conciliación de estas dos necesidades humanas irrenunciables y aparentemente contradictorias.

   La autora malagueña esclarece un origen común de la filosofía y la poesía, ubicándolas en una postura afin: la fascinación ante lo real, el “pasmo extático” ante las cosas. Después, cada una toma senderos discordantes. La poesía queda anclada en la materialidad de las cosas y sólo encuentra la verdad a partir de la revelación. La filosofía se desprende del plano de la realidad para dar con la verdad y la trascendencia.

   «Poesía es reintegración, reconciliación, abrazo que cierra en unidad al ser humano con el ensueño de donde saliera, borrando las distancias».

(Ibidem, p. 96.)

   En este ensayo escrito en su exilio mexicano en 1939, también aborda con discernimiento la relación entre el pensamiento filosófico y la poesía  en el transcurso de la historia cultural de Occidente, ofreciendo en su lectura un encuentro de sus palabras con las de otros autores destacados del pensamiento occidental – Platón, Leibniz, Hegel, Heidegger – y de la poesía - San Juan de la Cruz, Valéry – entre otros.  

  Asimismo, Zambrano medita las relaciones de la poesía con otras disciplinas como la ética, además del lazo que abraza a la poesía con la mística.

24 oct. 2011

Hoy no es un día cualquiera


   «El policía salió precipitadamente de la biblioteca haciendo crujir el suelo con sus pesadas botas. La señorita Laburnum se dirigió al estante de la letra “B” y bajó al Bandido-Jefe.

  - Bien, ahora dígame ¿qué ha venido hacer aquí? – interrogó con severidad la bibliotecaria. Pero a pesar de su tono, no engañó al Bandido-Jefe. Sabía, en realidad, que ella estaba muy contenta de volver a verle.

  - Verá, señorita Laburnum, el caso es que mis hombres parecen muy inquietos. Desde que usted les leía aquellos cuentos no han vuelto a sentirse contentos después de cenar. Antes solíamos sentarnos alrededor del fuego, cantábamos canciones de bandidos y disfrutábamos con nuestro humor grosero. Pero ahora han perdido el gusto. Quieren oír historias de Alicia, La isla del tesoro, de reyes y payasos. Por eso venía hacerme socio de la biblioteca y llevarme algunos libros. ¿Qué debo hacer? No me atrevo a regresar sin libros, pero ese policía puede regresar en cualquier momento. ¿No se enfadará con usted cuando descubra que me he marchado?

  - Eso tiene fácil arreglo – dijo la bibliotecaria sonriendo-. ¿Cuál es su número? ¡Ah, sí! Bien, cuando el policía vuelva le diré que otra persona se lo ha llevado prestado, y será cierto porque yo le llevo prestado a usted. El Bandido-Jefe dirigió una elocuente mirada a la señorita Laburnum.

   - Y ahora – siguió la joven- debe hacerse socio de la biblioteca y retirar en préstamo algunos libros para sus pobres bandidos.
   - Si me hago socio a lo mejor también puedo llevarme en préstamo a usted – dijo el Bandido-Jefe con la audacia propia de los buenos ladrones.
   La señorita Laburnum se puso colorada y cambió rápidamente de tema. Le entregó unos estupendos libros de aventuras y le rogó que se fuera cuanto antes.»


(MAHY, Margaret. El secuestro de la bibliotecaria. Madrid: Alfaguara, 1999, p. 27-30.)


   Desde 1997, celebramos cada 24 de octubre el Día de la Biblioteca. A diferencia del Día del Libro - 23 de abril - o el Día Mundial del Teatro - 27 de marzo- por citar dos ejemplos  también vinculados a la cultura y que son promovidos el primero por la UNESCO y el segundo por el Instituto Internacional del Teatro, y  ambos con una cobertura internacional, el Día de la Biblioteca sólo lo celebramos –de momento- en España a iniciativa de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil y con el apoyo del Ministerio de Cultura.

   Entre los objetivos que se persiguen con este evento, cabe destacar:

·      Dar a conocer los diferentes tipos de bibliotecas (públicas, escolares, etc.), e informar sobre sus recursos y  sus posibilidades de uso.
·      Conseguir que los medios de comunicación divulguen la función que realizan las bibliotecas, sus actividades y su colaboración con otros sectores tanto públicos como privados.
·      Fomentar actividades de creatividad, información, conocimiento y promoción de la lectura.
·       Impulsar las bibliotecas como centros de aprendizaje permanente.
·      Orientar y apoyar de modo especial los servicios bibliotecarios que trabajan  con el público infantil.
·      Estimular desde las instituciones bibliotecarias la narración oral, como punto de partida para una posterior lectura personal.



   ¡Feliz jornada!

20 oct. 2011

Valentín

Voces anónimas,  de Li-Shu Chen
   «El teatro, su animación, su mantenimiento, los ensayos, las representaciones, los cientos de pequeños detalles que, como una maquinaria delicada, lo componían, me hacían vivir una actividad constante que requería gente, que necesitaba de los otros, de su colaboración, de su aportación, de su locuacidad; mi jornada estaba repleta. Pero, detrás de las complicadas bambalinas de un ajetreo tan vistoso, la soledad estaba en pie, disimulada, acechándome, unas veces hosca, otras resignada. No importaba que Valentín siguiera formando parte, diariamente, de esta representación maquinística en la que todos estamos comprometidos en dosis tan variable de amenidad y desabrimiento, su luz no anulaba ya la presencia de la soledad, porque había dejado  de ser, para mí, una luz envolvente que me transformaba para convertirse en una luz ajena, despegada de mí y que hacía entonces resaltar con más violencia, en contraste con su fuerza feliz, mi cuadrante de sombra».


(GIL-ALBERT, Juan. Valentín: (homenaje a William Shakespeare). Barcelona: Thule, 2003, p. 77-78.)


   El director de teatro Ricardo lleva a su compañía a una casa de campo para preparar una obra de Shakespeare. Hay un nuevo actor, Valentín, más joven que todos, que desencadena una tormenta de celos, pasiones, envidias,... En palabras de Gil de Biedma, en el protagonista de esta tan breve como intensa y turbadora novela tenemos «el peso de una doble decepción: la de la insuficiencia del arte, la de la irremediable insuficiencia de la vida».

   Publicada por primera vez en 1974,  Valentín es el mejor exponente de la obra narrativa del también poeta Juan Gil-Albert (1906-1994), con la que bucea, como pocas veces se ha hecho, en la pasión, enmarcando la acción en otra pasión: la dramaturgia de Shakespeare.  Según el propio autor, el héroe del relato, que no es Valentín, «más que crimen acomete la resolución de un problema, el despeje de una ecuación cuya incógnita es la víctima que pasa a ser triunfal pieza cobrada».

18 oct. 2011

Pide que el camino sea largo

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los Lestrigones ni a los Cíclopes,
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los Lestrigones ni a los Cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no lo llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante tí.

Pide que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos antes nunca vistos.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes voluptuosos,
cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Itaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.


Itaca (1911)


(CAVAFIS, C.P. Poesía completa. Madrid: Alianza Editorial, 1989, p. 60-61.)



15 oct. 2011

Cuentos orientales


   «No llegaba brisa alguna del mar. El compañero de camarote de Philip, el ingeniero Jules Boutrin, bebía ante una mesa redonda de zinc, a la sombra de una sombrilla color de fuego, que recordaba desde lejos una gruesa naranja flotando en el mar.
   Cuénteme otra historia, viejo amigo – dijo Philip dejándose caer pesadamente en una silla –. Necesito un whisky y una historia cuando estoy delante del mar... Que sea la historia más hermosa y menos verdadera posible».


(YOURCENAR, Marguerite. Cuentos orientales.  Barcelona: Suma de letras, 2000, p. 54.)


Mata mua (Érase una vez), (1892) de Paul Gauguin
   Los relatos que componen Cuentos orientales se  inspiran en la literatura popular y el folklore de los Balcanes, en la siempre bella Grecia, en la milenaria y a veces velada China, lugares a los que Marguerite Yourcenar se acerca con un personal y sosegado misticismo.


   «En un universo en donde todo pasa como un sueño, sentiría remordimientos de durar para siempre. No me quejo de que las cosas, los seres, los corazones sean perecederos, puesto que parte de su belleza se compone de esta desventura. Lo que me aflige es que sean únicos».


(Ibidem, p. 83.)


   En esta obra, la historiadora, poeta y novelista francesa recupera una sutil música  procedente de un mundo diferente, de costumbres lejanas, que se acercan al lector con exquisitas representaciones simbólicas, como el viejo pintor Wang Fo, que se evade en el mar de jade que su pincel acaba de trazar.

13 oct. 2011

Se canta al mar


(...)
Cuando mi padre me cogió de un brazo
Y volviendo los ojos a la blanca,
Libre y eterna espuma que a lo lejos
Hacia un país sin nombre navegaba,
Como quien reza una oración me dijo
Con voz que tengo en el oído intacta:
“Éste es, muchacho, el mar”. El mar sereno,
El mar que baña de cristal la patria.
No sé decir por qué, pero es el caso
Que una fuerza mayor me llenó el alma
Y sin medir, sin sospechar siquiera,
La magnitud real de mi campaña,
Eché a correr, sin orden ni concierto,
Como un desesperado hacia la playa
Y en un instante memorable estuve
Frente a ese gran señor de las batallas.
Entonces fue cuando extendí los brazos
Sobre el haz ondulante de las aguas,
Rígido el cuerpo, las pupilas fijas,
En la verdad sin fin de la distancia,
Sin que en mi ser moviérase un cabello,
¡Como la sombra azul de las estatuas!
Cuánto tiempo duró nuestro saludo
No podrían decirlo las palabras.
Sólo debo agregar que en aquel día
Nació en mi mente la inquietud y el ansia
De hacer en verso lo que en ola y ola
Dios a mi vista sin cesar creaba.
Desde entonces data la ferviente
Y abrasadora sed que me arrebata:
Es que en verdad desde que existe el mundo,
La voz del mar en mi persona estaba.


(PARRA, Nicanor. Poemas & antipoemas. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1998, p. 55-56.) 

10 oct. 2011

Cartas a un joven poeta

Nocturno (1911), de František Kupka
   «Amarse de igual a igual: esto es quizás lo más difícil que nos ha sido encomendado, la tarea suprema, la prueba y el examen últimos, el trabajo para el que cualquier otro trabajo es sólo preparación. Por eso, los jóvenes, principiantes en todo, aún no dominan el amor: aún tienen que aprenderlo. Han de aprender a amar con todo su ser, con todas sus fuerzas congregadas en torno a su corazón solitario y ansioso, que late hacia las alturas. Pero el periodo de aprendizaje es siempre un largo periodo de aislamiento, y así, por mucho tiempo y hasta muy avanzada la vida, amar es, para el que ama, soledad, un estar solo más grande y más hondo. En un principio, amar no es algo que implique consagrarse, entregarse y unirse a otro (pues ¿qué sería una unión de lo no clarificado, no terminado, aún subordinado?); en el individuo es un noble motivo para madurar; para llegar a ser algo en sí mismo, para devenir mundo, mundo para sí mismo en aras de otro; es una exigencia grande y muy poco modesta, algo que hace de él un elegido y lo llama a cosas grandes. Sólo visto así, como una misión, la de trabajar en la propia persona (“aguzar el oído y darle al martillo día y noche”), deberían los jóvenes hacer uso del amor que les es dado. Consagrarse y entregarse y toda forma de comunicación no es cosa de ellos (pues todavía han de almacenar y recolectar durante mucho, mucho tiempo), eso es la meta final, es quizá aquello para lo que ahora apenas bastan las vidas humanas».

[Cartas a un joven poeta
A Frank Xaver Kappus, 14 de mayo de 1904]


(RILKE, Rainer Maria. Sobre el amor. Madrid: Alianza Editorial, 2007, p. 17.)

8 oct. 2011

¿Cuánta tierra necesita un hombre?


   «Pajom, el dueño de la casa, estaba tumbado en lo alto de la estufa y escuchaba lo que decían las mujeres.
   Es la pura verdad – exclamó. Ocupados desde pequeños en cultivar a nuestra madre tierra, no tenemos tiempo de pensar siquiera en tonterías. ¡La única pena es que disponemos de poca tierra! ¡Si tuviera toda la que quisiera, no tendría miedo a nadie, ni siquiera del diablo!
   Las mujeres acabaron de beber el té, charlaron un rato de vestidos, recogieron la vajilla y se fueron a la cama.
   El diablo se había sentado detrás de la estufa y lo había escuchado todo. Se había alegrado de que la mujer del campesino hubiera inducido a su marido a alabarse: se había jactado de que, si tuviera mucha tierra, no temería ni siquiera al diablo.
   De acuerdo – pensó el diablo. Haremos una apuesta tú y yo: te daré mucha tierra y gracias a ella te tendré en mi poder».


(TOLSTÓI, Lev. ¿Cuánta tierra necesita un hombre? Madrid: NordicaLibros, 2011, p. 13.)


  Escrito en 1886, ¿Cuánta tierra necesita un hombre? es una modernísima parábola sobre la ambición del ser humano. Pajom es un campesino al que ninguna extensión de tierra le satisface: cuanta más tiene, más necesita. Al conocer que los habitantes de una lejana región, los bashkirios, le ofrecen tanta tierra como pueda recorrer en un día, no lo dudará e intentará abarcar la mayor cantidad posible...

  La prosa de Tolstói – decía Nabokov – late al ritmo del corazón. Elena Odriozola, Segundo Premio Nacional de Ilustración 2006, ha captado ese pulso narrativo y nos lleva con sus imágenes a la tierra que vio nacer a Pajom, permitiéndonos acompañarle en su viaje por la estepa rusa, marcado por el ritmo de su codicia. Las vacas serán testigo de ese afán.



6 oct. 2011

Sin cultura no hay ciencia



   «Sin ciencia, no hay cultura. Una frase absolutamente fantástica y que debiéramos tenerla muy presente. De hecho, también podríamos decir lo contrario: Sin cultura, no hay ciencia, porque la ciencia y la cultura, la cultura y la ciencia son o debieran ser bases estructurales fundamentales de lo que es la sociedad, de lo que es el conocimiento y la relación entre las personas».


(PUNSET, Eduardo. Por qué somos como somos. Madrid: Aguilar, 2008, p. 115-116.)