La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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27 abr. 2012

El libro: ser viviente


   «El libro de por sí es un ser viviente dotado de alma, de vibración, de peso, número, sonido.  Su presencia se acusa ya antes de verle entrar, llama a la puerta, simplemente, de una casa donde haya libros leídos; no libros encargados para adornar o amueblar las paredes, sino libros leídos, pensados, vividos. Se advierte su presencia desde antes de entrar en la casa misma. No ya digo dentro de la habitación.
   El libro existe de por sí, lleva su ser propio, tiene su hueco, tiene su ausencia, tiene su amor. Recoge la voz y la irradia, recoge la indiferencia como si fuera, no sé, un extraño ser animado. Nos acompaña su ausencia, nos sobrecoge su presencia, nos solicita».


(ZAMBRANO, María. Las palabras del regreso (artículos periodísticos 1985-1990). Edición y presentación, Mercedes Gómez Blesa. Salamanca: Amarú, 1995, p. 105.)

23 abr. 2012

Hoy quiero hacerte un regalo de amor




   Regalar un libro a quien no lee, con la tibia intención de que lo lea, implica más conocimiento sobre esa persona, que si le ofrezco cualquier otro presente.

   A diferencia de  una prenda o un perfume, que pueden ser cambiados, otra vez regalados o aceptados refunfuñando, un libro para quien no lo anhela, puede resultar un agravio y la subsiguiente evasiva despectiva repleta de astillas lanzadas para generar la culpa: “si sabe que no leo”.

   Mas deseo que tú,  que transitas por mi afecto, disfrutes del gozo que es la lectura, y por eso, sólo por candente emoción, me arriesgo a ofrecerte un libro. Me empuja la dadivosa ilusión de que un relato, o un poema, o un ensayo,... te despierte, además, el afán de transitar por decenas y decenas de páginas y que, guiándote por cientos y cientos de palabras, llegues a ese mundo donde es posible sentir, soñar, padecer, acariciar,... en definitiva, vivir lo inimaginable. Para alcanzar tal sublime y a la vez humana meta, yo previamente he de preocuparme por averiguar lo que late en tu vida.  De este modo, lograré con más acierto regalarte el libro ideal. Ahoj!

21 abr. 2012

Del poco dormir y del mucho leer


   «En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera, que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y aséntosele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo».


(CERVANTES, Miguel de.  El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Parte I. Barcelona: Círculo de Lectores, 1982, p. 65.)


19 abr. 2012

Un minilibro que te invita a ser feliz


Nota: No olvides tener encendido el sonido.
Doporučení: Nezapomenej zapnout zvuk.
Note: Don't forget switch on the sound.




17 abr. 2012

Todo está en los libros... y en los besos


El beso (1891)de Lawrence Alma-Tadema
   «Para la especie humana los labios, la boca y la nariz son muy importantes, y en consonancia tienen una parte muy grande del cerebro ocupándose de ellos. No en vano por los labios entra y se va la vida. Por ellos pasan las canciones de cuna y las mentiras, el beso apasionado y las tiernas caricias. Besar es mucho más que tocar con los labios, más que un instinto básico; es un comportamiento natural muy cultivado, que integra genética y aprendizaje, crianza y erótica, biología y cinematografía. Parafraseando el famoso “todo está en los libros”, podríamos asegurar que “todo está en los besos”».


(GÁNDARA MÁRTIN, Jesús de la. El planeta de los besos. 2ª ed. Barcelona: Euromedice, 2008, p. 23.)

14 abr. 2012

Aquel 14 de abril

   «Fue tan hermoso como inesperado; salió el día en estado naciente; es decir, nació. Solamente por eso, aunque hubiera nacido otra cosa –hermosa, se entiende–, también ella tendría un inmenso valor (...)
   Pasaban guardias civiles llevados a hombros por el pueblo, por las gentes del pueblo de Madrid, y ellos eran felices. Los rateros se declararon en huelga; no hubo un solo hurto, por pequeño que fuera. Las personas entraban en los bares, donde pedían y pagaban; nadie intentó tomarse ni siquiera un café sin pagar (...)
   Creo yo que era la caridad del día. Pero si esa caridad del día se dio precisamente el 14 de abril, y si lo que nació de ese día naciente fue la República, no puede ser por azar. Fue, pues, un nacimiento y no una proclamación. Y de ese día naciente recuerdo en especial un episodio.
   Las gentes sólo pensábamos –es muy cursi, lo sé, pero es verdad– en amarnos, en abrazarnos sin conocernos. Llorábamos de alegría, unos y otros, en la Puerta del Sol. Yo estaba allí cuando llegó Miguel Maura, cuando entró en el  Ministerio de la Gobernación. (...)
   Florecieron las banderas republicanas, florecieron no se sabía desde qué campo de amapolas o de tomillo. Hasta había perfume a campo, a campo de España. Y, entonces, todo fue muy sencillo: Miguel Maura avanzó con la bandera republicana en los brazos. La llevaba tiernamente, como se lleva un depósito sagrado, un ser querido. La desplegó y dijo simplemente: “Queda proclamada la República”. Fue un momento de puro éxtasis».


(ZAMBRANO, María. Las palabras del regreso (artículos periodísticos 1985-1990). Edición y presentación, Mercedes Gómez Blesa. Salamanca: Amarú, 1995, p. 39-40.)



8 abr. 2012

La vida me aclaró los libros


Busto del Emperador Adriano
   «Como todo el mundo sabe, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mí mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos, la observación de los hombres, que logran casi siempre ocultarnos sus secretos o hacernos creer que los tienen; y los libros, con los errores particulares de perspectiva que nacen entre sus líneas. He leído casi todo lo que han escrito nuestros historiadores, nuestros poetas y aún nuestros narradores, aunque se acuse a estos últimos de frivolidad; quizá les debo más informaciones de las que pude recoger en las muy variadas situaciones de mi propia vida. La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana, un poco como las grandes actitudes inmóviles de las estatuas me enseñaron a apreciar los gestos. En cambio, y posteriormente, la vida me aclaró los libros».


(YOURCENAR, Marguerite. Memorias de Adriano. 1ª ed., 21ª reimp. Barcelona: Edhasa, 1991, p. 23.)

5 abr. 2012

Medio pan y un libro

   Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
   
   Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
      
   No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
   
   Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
   
Niños leyendo libros del Servicio de Biblioteca
de las Misiones Pedagógicas, hacia 1932. 
   ¡Libros! ¡Libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoievski, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
   
   Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.


Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo, Fuente Vaqueros (Granada), en septiembre de 1931.

1 abr. 2012

¡Bienvenido Abril!


«Las generaciones de lectores gastan y ennoblecen los libros igual que el tiempo las estatuas: y hay, en correspondencia, algunos libros que modifican las miradas de los hombres y los hacen más lúcidos y más libres».
                               
Antonio Muñoz Molina