La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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29 jun. 2012

Ofrenda


Alguna vez
Cuando llegue a estar vacío
                        cerraré la puerta y arrojaré
                                                           la llave;

sí,
habría que arrojarse fuera
                        como una ofrenda sin retorno,
                                               como un regalo que nadie acoja.


(MUJICA, Hugo. Y siempre después del viento. Madrid: Visor, 2011, p. 50.)



Lago Tso Kar, Ladakh (India)



20 jun. 2012

El infame o redentor barquero


   «No mira hacia atrás el infame o redentor barquero porque conoce muy bien lo que queda a su espalda, de ello huye o de ello viene o allí ha robado su cargamento de libros, no se sabe si va a hundirlos en el lugar más profundo de la laguna, allí donde las inaudibles voces de los ahogados y de algún descreído duende cuentan otras historias que jamás serán impresas ni tendrán volumen. O si los está salvando de una nueva quema o una nueva codicia, como si fueran oro viejo y pesado que podría hacer zozobrar la barca si se rizara el agua o una tempestad la enfureciera. El mar o laguna está tan en calma que casi parece oleaginoso, en realidad no es posible que esa embarcación avance con su escuálido remo para el que no hay esfuerzo y su vociferante carga de condenados, o si de no fugitivos del ya conocido mundo pasado y perdido, la barca como una carreta llena de espíritus nobles arrastrados al patíbulo. O es acaso mujer el barquero y entonces es más posible que sea salvador su viaje hacia el tiempo anterior o hacia el aún nunca visto, el intento de preservación de lo ya sabido y transmitido y contado, el hilo de la continuidad y el vínculo escrito en el agua de los vivos y los muertos callados, como el nombre del poeta joven que se rindió en Piazza de Spagna,  y whose name was writ on water. Y así esta imagen, como aquella frase, quizá sea sólo una despedida, o más bien un epitafio».


(MARÍAS, Javier y BUCHHOLZ, Quint. El libro de los libros: historias de imágenes. Madrid: Lumen, 1998, p. 116-117)

16 jun. 2012

De noche, bajo el puente de piedra


De noche, bajo el puente de Carlos, en Praga.
V noci, pod  Karlovým mostem, v Praze.
   «Cuando la brisa nocturna se deslizó sobre las ondas del río, la flor del romero abrazó más estrechamente la rosa roja, y el emperador dormido notó el beso de su amada sobre sus labios.
   –Llegas tarde –susurró ella–. Me acosté a esperarte. Me has dejado esperar tanto tiempo.
   –Siempre he estado aquí –le respondió él.  Estaba tumbado y contemplaba la noche a través de la ventana y veía pasar las nubes y oía el susurro de las copas de los árboles. Estaba cansado de las preocupaciones y del ruido del día, y creía que los ojos se me cerrarían, tan cansado estaba. Y finalmente llegaste tú.
   –¿Llegué? ¿Es cierto que estoy contigo? –preguntó ella –. ¿Pero cómo he llegado hasta aquí? No conozco el camino, nunca lo había recorrido antes. ¿Quién me ha traído hasta aquí? ¿Quién me conduce noche tras noche hasta ti?
   –Estás conmigo y te tengo en mis brazos, eso es lo único que sé –dijo el emperador.
   –Entonces posiblemente... –susurró ella – he caminado por las calles y subido las escaleras sin conocimiento, y las personas con las que me cruzaba me miraban extrañadas, pero nadie se me acercó, nadie me detuvo. El portón se abrió, las puertas cedieron y ahora estoy contigo. No está bien, no debería hacerlo. ¿Oyes el murmullo del río?».


(PERUTZ, Leo.  De noche, bajo el puente de piedra. Barcelona: Muchnik, 1991, p. 95-96.)

7 jun. 2012

El vicio de la lectura


   «Ningún vicio es más difícil de erradicar que el que se considera popularmente una virtud. Entre estos vicios destaca el vicio de la lectura. Se admira de modo general que leer basura es un vicio; pero la lectura per se –el hábito de leer–, nuevo como es, ya está a la altura de virtudes tan acreditadas como el ahorro, la sobriedad, el levantarse temprano y el ejercicio regular. Hay, en verdad, algo peculiarmente agresivo en la actitud virtuosa del lector que lee por sentido del deber. Los que se han mantenido en los humildes caminos de la preceptiva lo veneran como a alguien que sigue un consejo imposible de cumplir. “Ojalá hubiese leído tanto como usted”, declara el novicio iletrado a este adepto de lo supererogatorio; y el lector, acostumbrado al incienso del aplauso acrítico, considera de forma natural que su ocupación es una hazaña intelectual notable.
Dans la prairie (1876)de Claude Monet
   La lectura llevada a cabo deliberadamente –lo que podríamos llamar la lectura volitiva– no es lectura, al igual que la erudición no es la cultura. La lectura verdadera es una acción refleja; el lector nato lee de forma tan inconsciente como respira; y llevando la analogía un poco más lejos, la lectura no es más una virtud que el hecho de respirar. Cuanto más meritoria se considera, más estéril se vuelve.»


(WHARTON, Edith. El vicio de la lectura.  Palma: José J. de Olañeta, 2010, p. 17-19.)

2 jun. 2012

Junio



La chica del tulipán (2), de Li-Shu Chen
Mar, oculta pared,
pez mecido entre un aire o suspiro,
en ese agua surtida de una mirada
que cuelga entre los árboles, oh pez de plata, oh espejo.

Junio caliente viento o flores mece,
corro o niñas, brazos como besos,
sueltas manos de junio que aparecen
de pronto en una nieve que aún me llora.

Cuerdas, dientes temblando en las ramas;
una ciudad, la rueda, su perfume;
mar, bosque de lo verde, verde altura,
mar que crece en los hombros como un valor constante.

Yo no sé si este hilo que sostiene
dos corazones, láminas o un viento,
sabe ceder a un rumor de campanas,
péndulo dulce a un viento estremecido.

Niñas sólo perfiles, dulcemente
ladeados, avanzan –miedo, miedo–;
dos corazones tristes suenan, laten,
rumor de unas campanas sin destino.

Junio, fugaz, alegre primavera,
árboles de lo vivo, peces, pájaros,
niñas color azúcar devanando
un agua que refleja un cielo inútil.


(ALEIXANDRE, Vicente. Espadas como labios; La destrucción o el amor. Madrid: Castalia, 1993, p. 139.)