La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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30 jul. 2012

Otros ritmos, otros modos


Puesta de sol en la playa de Le Mubelli, Normandia.
No es el mar, no es el viento, es el sol
lo que me duele desde la cintura hasta los zapatos.
Sol de finales de julio
o de agosto a plomo: finas
agujas de acero.
Es el sol de estos días, que brilla
entre las hojas.
Bebiendo mi agua.
Pegado a mi piel.
Es de otro territorio, de otro arenal.
Tiene otros ritmos, otros modos,
otra lentitud para roer
la cal, morderme los ojos.
Hasta cuando ciega canta al arder.


(ANDRADE, Eugénio de.  Los surcos de la sed. Madrid: Calambur, 2001, p. 33.)

21 jul. 2012

Camino sin retorno


   «El cielo es protector, ostenta fielmente esa misión que, desde el despertar de los tiempos, Dios le concedió... ¿Por qué tendríamos que dudar de que él nos desampararía? Sin embargo, siendo seres mortales, tememos tal desventura y nos apegamos a la Tierra. Entre ambos mundos, ahí, en esa frontera inquebrantable, soñamos y padecemos, amamos y morimos. Y en este tirar y aflojar del latir del corazón, él, el corazón, arropado por el miedo a la pérdida, empuja hacia abajo, hacia los ínferos, donde la luz logra apaciguarle tal sufrimiento. ¿No será que la Tierra fue creada redonda para no poder vislumbrar el final del camino?...».


J. Valdštejn

16 jul. 2012

Papeles de Alhambra


TÍTULO del manuscrito: Que Benito de Vitoria, contino, tenga cargo de cobrar los bienes que quedaron de los moros de Granada y su tierra, del valle de Lecrín y de las Alpujarras, cuando marcharon allende, por las capitulaciones con Muley Boabdil.

Fuente: Archivo General de Simancas, RGS, LEG, 149702, 262.





   «... Escribo en los últimos papeles carmesíes de cuántos pude sacar de la Alhambra. Quizá sea un buen motivo para no escribir más. No estoy seguro –no lo estoy ya de nada–, pero creo que hoy cumplo sesenta y cuatro años. Desde que llegué a Fez mi vida ha transcurrido como un único día largo y soñoliento. Y además nunca supe con exactitud la hora en que nací, de ahí que los astrólogos no pudiesen establecer sin errores mi horóscopo (Para un rey  –eso tal vez–  sea desagradable). Por tanto, cuanto se ha dicho sobre mi destino trazado en las estrellas son imaginaciones. A veces he pensado que de ahí vino todo: andar a tientas nunca conduce a buenos resultados. Aunque quizá, por otra parte, la vida sea precisamente andar a tientas. En la mía, las certidumbres –y no he tenido más que dos o tres– me han llevado en general a lo peor».


(GALA, Antonio. El manuscrito carmesí. 5ª ed. Barcelona: Planeta, 1992, p. 537.)


Atardecer en Alhambra.

12 jul. 2012

La más humana de las artes


La mirada de la medianoche, de Li-Shu Chen
   «¿Cuál es el lugar privilegiado que ocupa la pintura, en nuestra cultura, en nuestra vida expresiva y creadora? Cultura es creación, es decir remedo de la creación divina. ¿Tenía Dios que expresarse cuando se dispuso a crear el universo, las cosas todas, y la luz la primera? La luz, la no-cosa, anterior a todas las cosas que por ella existen; la luz es nuestro medio, el medio de la vida humana. Vivir humanamente es ver y ser visto, es moverse en la visibilidad. El arte de la pintura, mirado así, vendría a ser el arte más definitorio de la condición humana, la más humana de las artes».


(ZAMBRANO, María. Algunos lugares de la pintura. Madrid: Espasa-Calpe, 1989, p. 71.)

3 jul. 2012

Segundo pregón



Couch on the porch, de Frederick Childe Hassam
   «El segundo pregón era al mediodía, en el verano. La vela estaba echada sobre el patio, manteniendo la casa en fresca penumbra. La puerta entornada de la calle apenas dejaba penetrar en el zaguán un eco de la luz. Sonaba el agua de la fuente adormecida bajo su corona de hojas verdes. Qué grato en la dejadez del mediodía estival, en la somnolencia del ambiente, balancearse sobre la mecedora de rejilla. Todo era ligero, flotante; el mundo, como una pompa de jabón, giraba frágil, irisado, irreal. Y de pronto, tras de las puertas, desde la calle llena de sol, venía dejoso, tal la queja que arranca el goce, el grito de “¡Los pejerreyes!” Lo mismo que un vago despertar en medio de la noche, traía consigo la conciencia justa para que sintiéramos tan sólo la calma y el silencio en torno, adormeciéndonos de nuevo. Había en aquel grito un fulgor súbito de luz escarlata y dorada, como el relámpago que cruza la penumbra de un acuario, que recorría la piel con repentino escalofrío. El mundo, tras de detenerse un momento, seguía luego girando suavemente, girando... ».


(CERNUDA, Luis. Ocnos. Sevilla: Ayuntamiento, 2002, p. 34-35.)