La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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28 sept. 2013

¿De dónde se es?

Staroměstské náměstí v Praze - Plaza de la Ciudad Vieja de Praga


«No se es de un lugar porque en él se haya nacido, sino porque en él se haya prendida la mirada».


(ZAMBRANO, María. Algunos lugares de la pintura. Madrid: Espasa-Calpe, 1989, página 259.)

25 sept. 2013

El brillo de las estrellas

La noche estrellada  (1889),  de Vincent van Gogh
«John Farmer estaba sentado a la puerta de su casa una tarde de septiembre, tras una dura jornada de trabajo, repasando en su espíritu, más o menos, la labor cumplida. Después de haberse dado un baño, fue a sentarse en paz para recrear su persona intelectual. Era un atardecer frío, y algunos de sus vecinos expresaron sus temores de una helada inminente. Poco llevaba dejándose conducir por el tren de sus pensamientos cuando oyó que alguien estaba tocando la flauta, sonido que tan bien armonizaba con su talante del momento. Pero siguió pensando en su trabajo, aunque con el inconveniente de que, aunque aquél bullías aún en su mente –y él seguía, pues, ocupado con él, aun contra su voluntad, maquinando cómo librarse de la idea– la verdad es que poco le importaba. No era sino la escamilla de su piel, constantemente arrancada. Las notas de la flauta, en cambio, llegaban a sus oídos procedentes de una esfera diferente de la que él laboraba, sugiriéndole actividades nuevas para ciertas facultades en él adormiladas. Poco a poco le hicieron olvidar la calle, el pueblo y las condiciones en que vivía. Y oyó una voz: “¿Por qué sigues aquí, dándole a una vida mezquina y ardua, si hay a tu alcance una gloriosa existencia? Estas mismas estrellas brillan también sobre otros campos”. Pero ¿cómo salir de este estado y emigrar allá? Todo cuanto se le ocurrió fue el practicar alguna nueva austeridad, dejar que el espíritu le embargara el cuerpo redimiéndolo, y tratarse en lo sucesivo con acrecentado respeto».




(THOREAU, Henry David. Walden o la vida en los bosques. Barcelona: Juventud, 2010, p. 276.)

13 sept. 2013

En honor a Baco

En honor a Baco (1889)de Lawrence Alma-Tadema
   «Los banquetes y la bebida algo más licenciosa y aun llegando tal vez a la raya de la embriaguez (no de modo que nos anegue, sino que nos divierta), nos aligerarán los cuidados, sacando el ánimo de su encerramiento; porque como el vino cura algunas enfermedades, así también cura la tristeza. A Baco, inventor del vino, le llamaron Liber, no por la libertad que da a la lengua, sino porque libra al ánimo de la servidumbre de los cuidados, fortaleciéndole y haciéndole más vigoroso y audaz para todos los intentos; pero como en la libertad es saludable la moderación, lo es también el vino».



(SÉNECA, Lucio Anneo. Tratados filosóficos. 8ª ed. México: Porrúa, 2003, p. 188.)

1 sept. 2013

Vladimír Holan


«Y siempre acontece lo inesperado. Tan inesperado como la presencia del poeta cada vez que se abre el libro... Su voz desconocida nítidamente se integraba en cada una de aquellas palabras suyas que penetraban en mí de modo imperioso, obligándome a seguirlas hasta el punto de no poder apearme del autobús, de no ver siquiera, detrás de los cristales, la corteza gris de los árboles y sus delgadas ramas porque en la página emergía su realidad insospechada. Insospechada, sí, pero sabida, albergada en el interior, pues sucedía que el libro expresaba el recorrido de mi propio cerebro: La avaricia empieza en el dar... no nos sentimos a gusto ni junto a los que duermen  ya que no sabemos dónde se detendrán... Todo aquí, entre tanto, es milagro una sola vez [...] Una sola vez la irrepetibilidad e inconsciencia de la infancia, una sola vez la juventud, sólo una vez el canto, una sola vez el amor... ¿Era ésta la vez? ¿Cómo saberlo? Nunca antes había acontecido nada semejante, pero él mismo decía: No hay conocimiento... vivimos sólo de ilusiones. 


¿Quién era el que había recorrido unos caminos que eran los mismos caminos de mi laberinto? Había nacido en Praga, en 1905... Poco después empecé a averiguar».



(JANÉS, Clara. La voz de Ofelia. Madrid: Siruela, 2005, p. 32.)