La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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29 abr. 2014

El valor de un libro

«No se debe leer sino lo verdaderamente valioso y, además, es preferible leer poco y muy bien, a leer mucho: Un libro no vale gran cosa si no vale mucho, y sólo es provechoso una vez que ha sido leído y releído, y amado y vuelto a amar. Pero ¿cómo hacer esa selección necesaria y salvadora? Ése es el problema, pero habrá que resolverlo. O leer y no vivir, o vivir y no leer. Pero es preciso –para muchos–, vivir y leer».



(RUSKIN, John. Sésamo y lirios: ensayos sociales. Buenos Aires: Espasa-Calpe, 1950, p. 10-11)

17 abr. 2014

¿Para qué sirve un libro?

El amante del libro (1897), de František Kupka
Ahora ya no carezco de nada:                                    Ich muss nichts mehr entbehren jetzt,
todos los colores se traducen                                     alle Farben sind übersetzt
en ruidos y olores.                                                          in Geräusch und Geruch.
Y resuenan infinitamente hermosos                       Und sie klingen unendlich schön
como notas.                                                                      als Töne.            
¿Qué haría con un libro?                                              Was soll mir ein Buch?
En los árboles hojea el viento                                    In den Bäumen blättert der Wind;
y yo sé que son allí las palabras ,                              und ich weib, was dorten für Worte sind,
y las repito a veces en voz baja.                                und wiederhole sie manchmal leis.
Y la muerte, que quiebra los ojos como flores,    Und der Tod, der Augen wie Blumen bricht,
no va a encontrar mis ojos...                                      findet meine Augen nicht...


(RILKE, Rainer Maria. Libro de imágenes. Madrid: Hiperión, 2001, p. 220-223)

14 abr. 2014

Una fecha de primavera

   «Con la alegría y la impresión de que algo nuevo y grave era inminente, nos volvimos a Rota. Allí seguimos, tranquilos, trabajando, tumbados en las dunas, recorriendo descalzos las orillas, bien lejos de las preocupaciones electorales que traían hirviendo a toda España.
   Pero de pronto cambió todo. Alguien, desde Madrid, nos llamó por teléfono, gritándonos:
   – ¡Viva la República!
   Era un mediodía rutilante, rutilante de sol. Sobre la página del mar, una fecha de primavera: 14 de abril.
   Sorprendidos y emocionados, nos arrojamos a la calle viendo con asombro que ya en la torrecilla del ayuntamiento de Rota una vieja bandera de la República del 73 ondeaba sus tres colores contra el cielo andaluz. Grupos de campesinos y otras gentes pacíficas la comentaban desde las esquinas, atronados por una rayada “Marsellesa” que algún republicano impaciente hacía sonar en su gramófono. Mientras sabíamos que Madrid se desbordaba callejeante y verbenero, satirizando en figuras y coplas la dinastía que se alejaba en automóvil hacia Cartagena, un pobre guarda civil roteño, apoyado contra la tapia de sol y moscas de su cuartelillo, repetía, abatido, meneando la cabeza:
– ¡Nada, nada! ¡Que no me acostumbro! ¡Que no me acostumbro!
– ¿A qué no te acostumbras, hombre? – quiso saber el otro que le acompañaba y formaba con él pareja.
– ¿A qué va a ser? ¡A estar sin rey! Parece que me falta algo.
   De nuevo, y como siempre –yo empezaba a ver claro– , dos Españas: el mismo muro de incomprensión separándonos (muro que un día, al descorrerse, iba a dejar en medio un gran río de sangre). Así María Teresa y yo lo íbamos comentando camino de Madrid».


(ALBERTI, Rafael. La arboleda perdida: libros I y II de memorias.  1ª ed., 6ª reimp. Barcelona: Seix Barral, 1981, p. 311-312.)

8 abr. 2014

La lectura: motor del cambio de un país

Don Quijote (1955),  de Pablo Picasso

«Porque esto es lo que principalmente se proponen las Misiones: despertar el afán de leer en los que no lo sienten, pues sólo cuando todo español no sólo sepa leer –que no es bastante–, sino tenga ansia de leer, de gozar y divertirse, sí, divertirse leyendo, habrá una nueva España».

Manuel Bartolomé Cossío (1931)

 

«Son los muchachos, de ordinario, quienes mueven a leer a sus padres y hermanos. Libro que el chico lleva a su casa es leído por el resto de la familia».

Servicio de Bibliotecas del Patronato de Misiones Pedagógicas (1934)

2 abr. 2014

El anhelo de ser escritor

   «En gran parte un escritor escribe para ser leído (admiremos a aquellos que dicen lo contrario, pero no les creamos). Sin embargo, entre nosotros el escritor escribe cada vez más para obtener esa consagración última que consiste en no ser leído. Desde el momento en que efectivamente puede constituir el tema de un artículo pintoresco de nuestra prensa de gran tirada, goza de todas las posibilidades de ser conocido por muchísimas personas que nunca lo leerán porque se contentarán con conocer su nombre y leer lo que se escriba sobre él. En adelante será conocido (y olvidado) no por lo que él es sino de acuerdo con la imagen que un periodista apresurado haya dado de él. De manera que para hacerse un nombre en las letras no es ya indispensable escribir libros. Basta con que se lo tenga a uno por alguien que ha escrito un libro sobre el cual la prensa vespertina haya hablado y en el cual en lo sucesivo podrá descansar».



(CAMUS, Albert. El verano. Buenos Aires: Sur, 1958, p. 50-51.)