La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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28 may. 2014

En tu jardín

¿Por qué con una mirada me avergüenzas?
No he venido como un mendigo.
Sólo una hora fugaz estuve parado al final de tu patio al otro lado del seto del jardín.
¿Por qué con una mirada me avergüenzas?

De tu jardín no cogí ninguna rosa, ningún fruto arranqué.
Humildemente me refugié bajo la sombra a orillas del camino donde cualquier viajero extraño puede quedarse.
Ni una rosa arranqué.

Belleza abstracta (9),  de Li-Shu Chen
Sí, mis pies estaban cansados, y caía el chaparrón de la lluvia.
Los vientos gemían entre las oscilantes ramas de bambú.
Las nubes corrían por el cielo como en la huida de la derrota.
Mis pies estaban cansados.

No sé lo que pensaste de mí o a quién aguardabas en tu puerta.
Centelleos de relámpagos deslumbraban tus ojos vigilantes.
¿Cómo iba yo a saber que podías verme mientras permanecía en la oscuridad?
No sé lo que pensaste de mí.

El día ha terminado, y la lluvia ha cesado un momento.
Dejo la sombra del árbol al final de tu jardín y este asiento en la hierba.
Está oscuro; cierra tu puerta; yo sigo mi camino.
El día ha terminado.



(TAGORE, Rabindranaz. El jardinero. Madrid: Edaf, 2001, p. 122-123.)

13 may. 2014

Romancillo de mayo

La primavera (1478)  de Sandro Botticelli


Por fin trajo el verde mayo
correhuelas y albahacas
a la entrada de la aldea
y al umbral de las ventanas.
Al verlo venir se han puesto
cintas de amor las guitarras,
celos de amor las clavijas,
las cuerdas lazos de rabia,
y relinchan impacientes
por salir de serenata.
En los templados establos,
donde el amor huele a paja,
a honrado estiércol y a leche,
hay un estruendo de vacas
que se enamoran a solas
y a solas rumian y braman.
Los toros de las dehesas
las oyen dentro del agua
y hunden con ira en la arena
sus enamoradas astas
Remudan los claros ciervos
su cornamenta arbolada
igual que un ramo de rayos
y una visión de navajas.
La cabra cambia de pelo,
cambia la oveja de lana,
cambia de color el lobo
y de raíces la grama.
Son otras las intenciones
y son otras las palabras
en la frente y en la lengua
de la juventud temprana.
Los celosos chivos pierden
entre sus dientes sus barbas:
se rinden a cabezazos,
se embisten y se maltratan,
y en medio de los ganados
mueven, lo mismo que espadas
rabiosas y deseosas,
lenguas amantes y patas
Van los asnos suspirando
reciamente por las asnas.
Con luna y aves, las noches
son vidrio de puro claras;
las tardes, de puro verdes,
de puro azul, esmeraldas;
plata pura las auroras
parecen de puro blancas,
y las mañanas son miel
de puro y puro doradas.
Campea mayo amoroso;
el amor ronda majadas,
ronda establos y pastores,
ronda puertas, ronda camas,
ronda mozas en el baile
y en el aire ronda faldas...



(HERNÁNDEZ, Miguel. El labrador de más aire.  EN: Obra completa. Vol. II, Teatro, prosas, correspondencia. Edición crítica de Agustín Sánchez Vidal y José Carlos Rovira con la colaboración de Carmen Alemany. Madrid: Espasa-Calpe, 1992, p. 1647-1648.)




3 may. 2014

El gallo y la marcasita

            
«Revolviendo cierto gallo el basurero, encontróse una piedra preciosa, y viéndola en sitio tan inmundo, le dijo:
            - ¿Cómo estás así entre el estiércol? Si te hubiese hallado algún platero se habría alegrado sobremanera y te hubiera devuelto el brillo; pero yo en balde te encuentro, porque de nada me sirves».


Así son la ciencia y la sabiduría para los necios e ignorantes: en nada las estiman.



(ESOPO. Fábulas. [San Salvador?: s.n., s.a., p. 39.)