La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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24 ago. 2015

Después de la muerte de Jaime Gil de Biedma



En el jardín, leyendo,
la sombra de la casa me oscurece las páginas y el frío repentino de finales de agosto
hace que piense en ti.



El jardín y la casa cercana
donde pían los pájaros en las enredaderas, una tarde de agosto, cuando va a oscurecer y se tiene aún el libro en la mano,
eran, me acuerdo, símbolo tuyo de la muerte.
Ojalá en el infierno
de tus últimos días te diera esta visión un poco de dulzura, aunque no lo creo.



En paz al fin conmigo, puedo ya recordarte
no en las horas horribles, sino aquí en el verano del año pasado, cuando agolpadamente
-tantos meses borrados- regresan las imágenes felices
traídas por tu imagen de la muerte ...
Agosto en el jardín,  a pleno día.



Cerca de la piscina
vasos de vino blanco dejados en la hierba, calor bajo los árboles. Y voces
que gritan nombres.
                       Ángel,
Juan, María Rosa, Marcelino, Joaquina
-Joaquina de pechitos de manzana.
Tú volvías riendo del teléfono
anunciando más gente que venía:
te recuerdo correr,
la apagada explosión de tu cuerpo en el agua.
Y las noches también de libertad completa

Melancolía  (1891),  de Edvard Munch

en la casa espaciosa, toda para nosotros
lo mismo que un convento abandonado,
y la nostalgia de puertas secretas,
aquel correr por las habitaciones,
buscar en los armarios
y divertirse en la alternancia
de desnudo y disfraz, desempolvando
batines, botas altas y calzones,
arbitrarias escenas,
viejos sueños eróticos de nuestra adolescencia,
muchacho  solitario.
                   ¿Te acuerdas de Carmina,
de la gorda Carmina subiendo la escalera
con el culo en pompa
y llevando en la mano un candelabro?



Fue un verano feliz...
                   El último verano
de nuestra juventud
 
dijiste a Juan
en Barcelona al regresar
nostálgicos,
y tenías razón. Luego vino el invierno,
el infierno de meses
y meses de agonía
y la noche final de pastillas y alcohol
y vómito en la alfombra.
                     Yo me salvé escribiendo
después de la muerte de Jaime Gil de Biedma.



De los dos, eras tú quien mejor escribía.
Ahora sé hasta qué punto tuyos eran
el deseo de ensueño y la ironía,
la sordina romántica que late en los poemas
míos que yo prefiero, por ejemplo en Pandémica.
A veces me pregunto
cómo será sin ti mi poesía.



Aunque acaso fui yo quien te enseñó.
Quien te enseñó a vengarte de mis sueños,
por cobardía, corrompiéndolos.


(GIL DE BIEDMA, Jaime. Las personas del verbo. Palencia: Cálamo, 2009, p. 153)

11 ago. 2015

Mohandas Karamchand




La paloma de la paz (1949),  de Pablo Picasso

«Gandhi ocupa el primer puesto en esa serie de grandes teóricos activistas que han cambiado la faz de nuestro mundo y la forma de nuestro pensamiento en el curso del presente siglo. En 1894, nueve años antes de que Lenin formase el grupo bolchevique dentro del Partido Social Demócrata Ruso y veinticinco años antes de que Mao Tse Tung hiciera suya la revolución como forma de vida, comenzó Gandhi sus actividades entre los indios que soportaban en Sudáfrica una existencia marginal y oprimida como comerciantes y trabajadores eventuales. Combinando la teoría con la experiencia, ideó sus propias técnicas de lucha basadas en las condiciones objetivas existentes, y, en 1906, sólo tres años después de que los bolcheviques hubieran aparecido en el escenario de la historia y un año después de la primera revolución rusa, la de 1905, anunció su primera campaña de satyagraha, imaginando la resistencia no-violenta como modalidad de lucha social.

            La satyagraha, combinación de dos palabras gujaratís que significan verdad y fuerza, era una doctrina nacida de y para la acción. Era la creación de una mente curiosamente concreta, atenta a las relaciones, siempre cambiantes, de los hombres entre sí y de éstos con el mundo. Uno de los pocos puntos en los que , según he comprobado, están de acuerdo con Gandhi la mayoría de los indios es en su enorme realismo. No era casual que siempre tuviera como norma tratar de integrar la teoría y la práctica; no era casual su creencia de que la discordancia entre lo que se dice y lo que se practica es la mayor deshonestidad. A ello hay que unir que contemplaba siempre las más diversas situaciones con la prudente perspectiva del hombre de leyes y con la astuta mirada de los indios bania, de tal modo que de su observación surgían soluciones de gran originalidad aparente pero que, en la práctica, se revelaban como realistas y adecuadas a las circunstancias».



(WOODCOCK, George. Gandhi. Barcelona: Planeta-De Agostini, 1994, p. 11-12)