La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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10 dic. 2016

Los derechos humanos


Vacío de miradas,  de Li-Shu Chen

«La extorsión
el insulto,
la amenaza,
el coscorrón,
la bofetada,
la paliza,
el azote,
el cuarto oscuro,
la ducha helada,
el ayuno obligatorio,
la comida obligatoria,
la prohibición de salir,
la prohibición de decir lo que se piensa,
la prohibición de hacer lo que se siente
y la humillación pública
son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida de familia. Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo.
Los derechos humanos tendrían que empezar por casa –me comenta, en Chile, Andrés Domínguez».


(GALEANO, Eduardo.  Mujeres. Madrid: Alianza Editorial, 1995, p. 16.)

4 dic. 2016

Una princesa en Berlín

Boring dolls (c.a. 1929), de Jeanne Mammen
   «Yo ya estaba en pie y me dirigía hacia la puerta.
   –Barón Von Waldstein...
   También él se puso de pie y tiró del cordón de la campanilla.
   –Será mejor que me marche, señor.
   –Sí, pero no del todo solo. Un momento, por favor. –Me tomó con fuerza del codo.
   El mismo criado apareció en la puerta. Su expresión cambió un poco cuando vio mi cara.
   –Traiga el paquete para el señor Ellis. Creo que lo pusieron en el cuarto ropero...
   El sirviente desapareció otra vez y el barón, todavía con la mano en mi codo, me guió suavemente fuera de la habitación, por el salón y hacia el árbol de Navidad, punto exacto donde, un año atrás, me había regalado la botella con el velero dentro. ¿Dónde había dejado yo aquella botella?
   –Tenemos un regalo de Navidad para usted –dijo cuando apareció el criado con un paquete grande y delgado, envuelto en papel color marrón.
   El criado no sabía qué hacer con él.
   –Póngalo en el sofá y desenvuélvalo con mucho cuidado –dijo el barón.
   El sirviente desató el cordel y dobló hacia atrás el grueso papel de envolver para descubrir a Bärbel, completamente desnuda, con excepción de una media negra, ocupada en ponerse la otra.
   –Esa pintura no está terminada –dije, ahogando una exclamación–. No la terminé, él se la llevó y la vendió...
   –Al parecer, Max Liebermann cree que está terminada.
   –¿Cómo, señor?
   –La vio en una galería y la compró. Para mí. Y permítame asegurarle que no compra cuadros muy a menudo; los vende. A decir verdad, también éste me lo vendió. Dice que demuestra el desarrollo de un estilo propio en usted. Dice que es más impresionante que el que hizo usted de Lili. Por supuesto, usted ha podido mostrar mucho más de esta dama, y Liebermann todavía tiene buen ojo para eso. Quizá el título le haya hecho gracia.
   –No tiene título...
   –Sí que lo tiene. –Nos acercamos más. El criado apartó el papel de la parte inferior del marco oscuro y sencillo, y vi un pequeño rótulo con letras Art Nouveau de antes de la guerra: Prinzessin in Berlin».


(SOLMSSEN, Arthur R.G.  Una princesa en Berlín. 2ª ed. Barcelona: Tusquests, 2012, p. 482-483.)

29 nov. 2016

La voz de la lluvia







¿Y quién eres tú?, le dije al aguacero que caía suavemente,
Y, cosa extraña, me dio la respuesta que así traduzco:
Soy el Poema de la Tierra, dijo la voz de la lluvia,
Eternamente me elevo impalpable desde la tierra y desde el
mar sin fondo.
Hacia el cielo, de donde, formada vagamente, cambiada del
todo y, no obstante, la misma,
Desciendo a bañar las sequías, átomos, acumulaciones de
polvo del globo,
Y siempre, de día y de noche, devuelvo la vida a mi propio
origen y lo purifico y lo hermoseo
(Porque la canción, brotando del lugar de su nacimiento, ya
cumplida, errante,
Atendida o desdeñada, vuelve a su tiempo con el amor).



(WHITMAN, Walt. Hojas de hierba. Barcelona: Tesys,1986, p. 673.)