La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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27 jul. 2016

Meditación creadora




«Cuando abro mis ojos hacia el mundo externo, me siento como una gota en el mar, pero cuando cierro mis ojos y miro dentro, veo a todo el universo como una burbuja en el océano de mi corazón».


(ANAGARIKA GOVINDA, Lama. Meditación creadora y consciencia multidimensional. Buenos Aires: Kier, 1987, p. 68.)

22 jul. 2016

Internet



   «Internet es un universo asimilable a los oceános descubiertos a fines de la Edad Media, cuando europeos surcaron desde el Mediterráneo el Atlántico y el Pacífico; espacios que abrieron muchas posibilidades, y que precisaron nuevas técnicas de navegación y de orientación. Para surcar el cuasi infinito almacén de datos del océano virtual hacen falta nuevas brújulas y mapas, si se pretende arribar a destinos de conocimiento, y no sólo de divertimento.

   Los avances técnicos no son salvíficos. Son una oportunidad».





(BARNÉS, Antonio. Elogio del libro de papel. Madrid: Rialp, 2014, p. 25)

17 jul. 2016

Si...



«Si puedes mantener la calma cuando todos a tu alrededor
pierden la suya y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos los hombres
dudan de ti, pero permitirles también dudar;
Si puedes esperar y no cansarte de esperar,
O siendo calumniado no intervenir en las mentiras,
O siendo odiado, no dar lugar al odio,
Y no parecer demasiado bueno, ni demasiado sabio.

Si puedes soñar –y no hacer que los sueños te dominen–;

Si puedes pensar –y no hacer de los pensamientos tu objetivo–;
Si puedes vértelas con el Triunfo y el Desastre
Y tratar a esos dos impostores exactamente igual;
Si puedes aguantar oír la verdad que has pronunciado distorsionada por los pícaros para hacer una trampa de tontos,
Y observar las cosas que diste a la vida, rotas
y retroceder para reconstruirlas otra vez con herramientas gastadas;

Si puedes hacer un montón de todas tus ganancias
Y jugártelas a cara o cruz,
Y perder, y empezar desde el principio
Y nunca decir una sola palabra sobre tu pérdida;
Si puedes esforzar tu corazón y tus nervios y músculos
Para tomar tu turno mucho después de que hayan desaparecido,
Y así aguantar cuando no hay nada dentro de ti
Excepto la Voluntad que dice “aguanta”.

Si puedes hablar con las masas y conservar tu virtud,
O caminar con los reyes sin perder la sencillez,
Si los enemigos ni los buenos amigos pueden herirte,
Si todos los hombres cuentan contigo pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar un minuto de rencor con sesenta segundos de distancia,
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
Y –lo que es más importante– serás un hombre, hijo mío».


(KIPLING, Rudyard. Stories and poems. London: Everyman’s Library, 1976, p. 217-218.)

12 jul. 2016

La vida de la amistad



«La amistad que no exige nada ni se queja nunca no es verdadera amistad, es otra cosa. Cuando hay comunicación, hay diálogo, punto de vista, desacuerdo, malentendidos, reproches, enfado, perdón, vuelta a empezar, aclarar lo sucedido... Hay vida y la vida es conflicto y acuerdo. Lo diría de otro modo: si quieres encontrar amistades en sus distintos grados, llévalas contigo. A los hermanos los recibimos por herencia, a los amigos los elegimos. La amistad auténtica es tan difícil como el amor. Requiere mucho esmero y cuidado para que no se pierda en la vorágine de acontecimientos que circulan por la vida de cada uno».

(ROJAS, Enrique. Amistad: adiós a la soledad. Madrid: Temas de hoy, 2009, p. 159.)

8 jul. 2016

El primer relato



   «Una aventura pavorosa se la debo a las obras completas de Freud, que habían llegado a la biblioteca. No entendía nada de sus análisis escabrosos, desde luego, pero sus casos clínicos me llevaban en vilo hasta el final, como las fantasías de Julio Verne. El maestro Calderón nos pidió que le escribiéramos un cuento con tema libre en la clase de castellano. Se me ocurrió el de una enferma mental de unos siete años y con un título pedante que iba en sentido contrario al de la poesía: “Un caso de sicosis obsesiva”. El maestro lo hizo leer en clase. Mi vecino de asiento, Aurelio Prieto, repudió sin reservas la petulancia de escribir sin la mínima formación científica ni literaria sobre un asunto tan retorcido. Le expliqué, con más rencor que humildad, que lo había tomado de un caso clínico descrito por Freud en sus memorias y mi única pretensión era usarlo para la tarea. El maestro Calderón, tal vez creyéndome resentido por las críticas ácidas de varios compañeros de clase, me llamó aparte en el recreo para animarme a seguir adelante por el mismo camino. Me señaló que en mi cuento era evidente que ignoraba las técnicas de la ficción moderna, pero tenía el instinto y las ganas. Le pareció bien escrito y al menos con intención de algo original. Por primera vez me habló de la retórica. Me dio algunos trucos prácticos de temática y métrica para versificar sin pretensiones, y concluyó que de todos modos debía persistir en la escritura aunque sólo fuera por salud mental. Aquélla fue la primera de las largas conversaciones que sostuvimos durante mis años del liceo, en los recreos y en otras horas libres, y a las cuales debo mucho en
mi vida de escritor».



(GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel.  Vivir para contarla. 4ª ed. Barcelona: Random House Mondadori, 2005, p. 213-214.)