La Historia y la Poesía las hace el Viento...

El hombre trabaja, inventa, lucha, canta... Pero el Viento es el que organiza y selecciona las hazañas, los milagros, las canciones.

Contra el Viento no puede nada la voluntad del hombre... Yo, cuando el Viento ha huido a su caverna, me tumbo a dormir. Me despierto cuando Él me llama ululante y me empuja. Escribo cuando Él me lo manda (...)

El viento es un exigente cosechero:

el que elige el trigo, la uva y el verso...

el que sella el buen pan,

el buen vino

y el poema eterno...


LEÓN FELIPE

(Antología rota. 8ª ed. Buenos Aires: Losada, 1977, p. 7.)

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28 sept. 2016

La pequeña muerte



Cupido, Venus y las pasiones del amor,  de Agnolo Bronzino

«No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces del dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es un alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace».


(GALEANO, Eduardo.  Mujeres. Madrid: Alianza Editorial, 1995, p. 20.)

21 sept. 2016

Una libertad llamada lectura



            «Leer, ha dicho Jean-Paul Sartre, es soñar libremente. Con frecuencia tendemos a ver en primer lugar el sueño fabricado más que el acto creador. Sin embargo, la lectura intensiva es justamente eso: la exploración de nuestra libertad creadora. ¿Sabemos qué hacer con esa libertad?».





(BOLLMANN, Stefan. Las mujeres, que leen, son peligrosas. 5ª ed. Madrid: Maeva, 2007, p. 37)

8 sept. 2016

Siempre es hoy


Cascada Bruarfoss (Islandia)

Todo está lejos, no hay regreso, los muertos no
están  muertos, los vivos no están vivos,
hay un muro, un ojo que es un pozo, todo tira
hacia abajo, pesa el cuerpo,
pesan los pensamientos, todos los años son este
minuto desplomándose interminablemente
aquel cuerto de hotel de San Francisco me salió al
paso en Bangkok, hoy es ayer, mañana es ayer,
la realidad es una escalera que no sube ni baja, no
nos movemos, hoy es hoy, siempre es hoy,
siempre el ruido de los trenes que despedazan cada
noche a la noche,
el recurrir a las palabras melladas,
la perforación del muro, las idas y venidas, la realidad
cerrando puertas,
poniendo comas, la puntuación del tiempo, todo
está lejos, los muros son enormes,
está a millas de distancia el vaso de agua, tardaré
mil años en recorrer mi cuarto,
qué sonido remoto tiene la palabra vida, no estoy
aquí, no hay aquí, este cuarto está en otra
parte,
aquí es ninguna parte, poco a poco me he ido
cerrando y no encuentro salida que no dé a
este instante,
este instante soy yo, salí de pronto de mí mismo,
no tengo nombre ni rostro,
yo está aquí, echado a mis pies, mirándome mirándose
mirarme mirado

Fuera, en los jardines que arrasó el verano, una
cigarra se ensaña contra la noche.
¿Estoy o estuve aquí?


(PAZ, Octavio. La estación violenta. 1ª ed., 12ª reimp. México: Fondo de Cultura Económica, 2013, p. 40-41.)